Este pasado fin de semana se ha celebrado el séptimo Robregordo, sexto en formato de dos días. Este es el trial por excelencia de Madrid, al que acuden pilotos de toda España y parte del extranjero. Esta edición ha sido un poco menos espectacular por dos ausencias: de pilotos míticos y de zonas de agua.
Este año no estaba muy motivado por varias razones. El nivel de las zonas del Trofeo madrileño lleva tiempo siendo inadecuado, especialmente en los dos niveles inferiores y que por no ser cansino no voy a repetir los argumentos ya dados anteriormente. Además, mi alter ego desde 2007 en esto de penar por el monte cual Santa Compaña tenía obligaciones ineludibles por lo que el trial perdía atractivo por arrobas. Y a más a más, por otras circunstancias no tenía la cabeza como para disfrutar del fantástico tinglado que montan los sotobikes.
El caso es que tenía claro que, por primera vez desde aquel lejano 2003 en que me estrené en esto del trial, me lo perdía. Pero el viernes me entero de que tenían problemas para reunir los veinte jueces necesarios para cubrir todas las zonas y decido que para una vez que puedo devolverles algo de lo mucho que les debo, me presento voluntario y de paso intento dignificar algo esta actividad tan denostada últimamente por algún presunto prevaricador que otro.
Ha sido una experiencia realmente interesante. Creo que deberían pasar por ella todos los pilotos alguna vez. Seguro que el 99% por ciento de las broncas que montan los pilotos se evitaban. He de decir que salvo uno, la excepción, nadie se ha quejado, al menos de forma impertinente. Lo bueno de ser piloto antes que fraile es que las quejas te importan tanto como una sherpa gripada (que es el paroxismo de la indiferencia, en mi caso al menos-es broma, Fernando).
Pasé por los dos extremos, estar en una de las últimas zonas el sábado y de las primeras el domingo.
El primer día, el bueno de Chiri me pone en la zona 18. A eso de las 10:30 nos dejan a la pica y a servidor en medio del monte. Las vistas preciosas, como atestiguan las fotos:
Vista del paddock desde la zona 18

Otra vista, esta vez hacia arriba, de la ya clásica bajada bordeando el pinar

Otra vista, esta vez hacia arriba, de la ya clásica bajada bordeando el pinar
El primer problema de estar en una de las últimas zonas, especialmente cuando hay tantas como veinte, es que te puedes tirar más de dos horas sin hacer absolutamente nada hasta que lleguen los pilotos, como fue el caso.
El segundo problema es que llegan cansados y, por lo tanto, proclives a quedarse estancados en la mitad de la zona con lo que se ralentiza el paso lo que implicó que el último piloto se fue a la zona 19 cerca de las seis de la tarde. Por supuesto, ni una mísera sombra en los alrededores. Ahora mismo podría pasar por el mismísimo Al Johnson si supiera cantar y bailar.
El domingo, en cambio, disfruté de la zona dos, muy fácil por cierto, con su sombra, sus pilotos frescos y animados y, sobre todo, una fluidez que era de agradecer. Sólo cinco pilotos puntuaron. Hasta yo me hubiera atrevido con los pasos azules (en serio). El comentario general era que este año se habían suavizado algunas zonas (otras no tanto) y que la dos era especialmente fácil. A las doce estaba yendo al paddock con la zona recogida (tuve la suerte añadida de que pude llevar el coche hasta la misma zona y no hube de esperar al coche escoba). Otro mundo.
Otro aspecto que compruebas estando de este lado de la barra es la paliza que se dan los organizadores antes, durante y después del trial. El bueno de Chiri no para un segundo apagando los infinitos fuegos que se presentan contínuamente, otros están todo el tiempo recorriendo en moto la interzona para comprobar que todo está en orden, etc.
Ahora entiendo el año sabático que se ha tomado Casadesús en Cabrianes porque 2009 habría sido el decimocuarto año consecutivo que organiza (y en este caso prácticamente solo) el otro trial de referencia, también de dos días. Por cierto, este año puede ser espectacular, sólo pre-72 y con un sistema innovador a la hora de puntuar. Un crack el bueno de Jaume.
En otro orden de cosas, muchas motos de todo tipo. Como curiosidad, una Gas Gas. no pude fijarme si tenía frenos de disco, imagino que no. Es lo que tiene estar pendiente de los pies. En el apartado preparaciones, me fijé en dos 330 (por deformación personal) Puma Racing. A nivel estético nada que decir, que para gustos los colores, y nunca mejor dicho en este caso, aunque personalmente prefiero lo original como homenaje a sus creadores.
La bianco-nera:
Desde este lado se observa una pata de cabra con artrosis, la clásica culata del Puma, un depósito adelgazado y con colores juventinos o helmánticos (al gusto), unos guardabarros raros, un cárter cromado y sepa Dios qué más cosas que no se ven:
Por este otro lado, un escape con aspecto y final ignotos por mí hasta el sábado pasado y una palanca de arranque de 348:
La rojiblanca:
La otra 330 que me ha llamado la atención es la de un conocido periodista digital en esto del trial. Imagino que su aspecto debe ser un homenaje al actual campeón de la Europa League. También gasta un depósito pasado por Incosol:
Digo yo que, independientemente del aspecto, correr con un depósito más estrecho y ligero, algo de ventaja dará aunque, en cualquier caso, el piloto no deja de ser el 90% del resultado final.
EDITO porque olvidé comentar un par de cosas:
1.-Al final, por falta de jueces, un piloto del Sotobike tuvo que ejercer el sábado de lo propio en la zona 1 para, una vez pasados todos los pilotos, correr él.
2.-Aunque yo no corrí, al menos sí lo hizo mi querida 330 y he de decir que se portó muy bien, salvo esos amortiguadores que hace tiempo entregaron la cuchara y que habrá que remendar. En las dos zonas que la ví desenvolverse hizo sendos ceros. Quizá tuvo algo de culpa el piloto, Kárpatos, También debe tener culpa Julián, que es quien puso y ajustó el Mikuni. Gracias a ambos.
















