viernes, 25 de abril de 2014

Cabrianes 2014 - Homenaje a Mick Andrews - (Crónica de una leche anunciada)






Prólogo: Cabrianes, pueblo de la provincia de Barcelona que para mí significa varias cosas: amics y trial aunque también cansancio y cierto sufrimiento pero, como dicen, sarna con gusto no pica.


Esta edición, la decimoctava, se ha dedicado a celebrar el 70 cumpleaños del piloto más auténtico y que más ha representado lo que es el trial que he conocido: Mick Andrews.


Capítulo uno y único:

Después de más de dos años sin hacer trial o algo que se le pareciera, el fin de semana del 5 y 6 de abril volví a ponerme las botas (literalmente) y me subí a una 330 (para variar) en el mejor trial que conozco.

No tenía pensado ir porque tengo la cabeza en otras cosas y no me apetecía demasiado, a pesar de que me gusta mucho, meterme entre cintas por el campo.

Un amigo me llamó un par de fines de semana antes para proponerme ir y, como arte de magia, me despertó el gusanillo de nuevo pero sabía que lo tenía difícil. Llamé a Julián y me dijo que no iba. Es más sensato que yo, está claro. Por cierto, el amigo se rajó en el último momento.

Tenían que alinearse algunos planetas para que fuera y, claro, se alinearon.

Como decía, todo estaba en contra: forma física más que pobre para enfrentarme a un trial de dos días, poco tiempo libre como para dedicar todo un fin se semana a una actividad lúdica y, para colmo de males, sin medios para llevar la moto hasta Cabrianes porque el coche con bola que tenía, me dejó; como tantas cosas últimamente.

Sobre la forma física, poco se podía hacer en una semana pero, en un alarde de "wishful thinking", me dije que no estaba tan mal.

Del poco tiempo libre se encargó alguien que representa perfectamente el dicho de que cuando una puerta se cierra, otra se abre y me sometió a un tratamiento de concienciación de que no todo iba a ser trabajar.

El problema del coche apto para llevar remolque lo solucionó una persona que, sin tener con él un trato más allá de siete ratos (literal) a lo largo de más de diez años, me cae especialmente bien por la razón que sea.

Esa persona resulta ser Jaume Casadesús, creador y alma mater del mejor trial que conozco (no sé si ya lo he dicho antes). Me manda un privado y me pregunta si este año tampoco voy a ir, o qué. Cuando le digo que no puedo, entre otras cosas, por el coche, me dice que tiene una Cota 330 preparada para mí. Precisamente una 330.

Imposible negarse ante una demostración de amistad como esa y acepto.

Así que nos subimos al coche Emma (la de la puerta que se abre) y yo el viernes a mediodía y rumbo a Cabrianes. Son sólo 608 km.

Al llegar, allí estaba Jaume que nos recibió con el cariño habitual en él y me presentó a la 330 que iba a sufrir mis desatinos sobre ella. Francamente, la moto está magnífica, de serie, sólo con las estriberas retrasadas, manillar Renthal y amortiguadores Magicals.



                                                         Mucho mejor que la mía


También nos encontramos con Mick y Jill que se alegraron, seguro que no tanto como yo, de volver a vernos después de unos pocos años. Les dí el regalo habitual que, por otra parte, dió origen al nombre del blog y que consistía en unas botellas de Rioja y se alegraron más aún que antes.

El sábado amaneció espléndido, reduciendo las excusas que ya tenía pensadas para justificar lo mal que iba a quedar. Tras la butifarra, arranco la moto y, como esperaba, iba de cine. Bien, menos excusas aún. Voy a ver la hora de salida y, por el camino, veo la rampa por la que hay que subir para dar la salida. Esa rampa tiene su historia. Siempre me ha puesto nervioso, creo que me voy a caer delante de todos y me altera; aún recuerdo mi primera rampa, precisamente en Cabrianes 2003 y lo mal que lo pasé. De psicólogo, ya lo sé.

Vaya por Dios, me veo el primero, ¡el número uno!. Se me viene a la cabeza la maldita rampa, tengo que ser el primero en cruzarla. Además, la vergüenza de hacer un fiasco tras otro con ese dorsal... Al menos el número tres se lo habían dado a Víctor Martín "Bonaigua" y me alegré porque durante un par de zonas estaría acompañado. Un par de zonas sólo porque sabía que luego desaparecería ya que yo iba a ir mucho más lento que él.

       La cara de idiota no es por tener el número uno, venía así de serie.

Pues nada, a apechugar con lo que venga, "haber elegido muerte", me digo.


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                           La calidad de la imagen es obra de Emma Spielberg

No me caí, lo siento por vosotros. Mientras subía la rampa me dí cuenta de que no estaba Pinet para darme la salida y sentí pena y nostalgia. Le mandé un saludo. Qué personaje el bueno de Ricard. Su sustituto, un tipo muy simpático con el que cenamos luego, me soltó una parrafada en catalán que, debido a que aún no tengo sacado el nivel C, me tuvo que repetir.  Y yo que creía que lo entendía bastante bien...

El recorrido hasta la zona uno fue una mezcla de disfrute y nervios, ese camino me trae muchos recuerdos y al mismo tiempo sabía perfectamente lo que me esperaba.

Llego a la uno y me encuentro con una zona típica de Cabrianes, entrada en subida, giros posibles para no expertos (no como en otros triales) y subida de las de retorcer el acelerador con giro en la cima para acabar bajando entre piedras. ¡Cero!. No me lo podía creer, primera zona en dos años, no especialmente fácil y me la zampo sin problemas. Bueno, alguno sí, pero a cero.

Para no creerme nada, voy a la siguiente sin pensar y me encuentro con algo relativamente fácil que saldo con un tres producto de mis preventivos pies.

La tercera era como la primera pero la subida para salir de ella era larga y empinada (je) y me marco otro cero. Mi estupidez habitual hace que me crea el rey del mambo y claro, la realidad es como es, no como uno quiere que sea y empieza un largo y tortuoso camino lleno de fiascos tontos o no tanto que ni McCartney hubiera musicado mejor. En ese momento, decido que lo mejor es disfrutar, picar cincos si no me gustaba lo que veía y, por seguir con Paul, let it be.

Comentaba antes que me convencí a mí mismo de que no estaba muy mal físicamente y me dí cuenta de que realmente no me convencí sino que me engañé. Aunque corras con cierta frecuencia y hagas algo de pesas, si no montas en moto no ejercitas los músculos adecuados y éstos te pasan factura más pronto que tarde. Empecé a sentir problemas en los antebrazos en la zona diez y al llegar a la once, me encuentro con una entrada que era un escalón que desafiaba a los pardillos como yo.

Precisamente al llegar a esa zona me encuentro con ésto:


A pesar del cansancio me sale una sonrisa y recuerdo lo estupendo que es correr un trial en Cabrianes porque no sólo es hacer zonas.

Veo el escalón de entrada y el giro que hay que hacer nada más llegar arriba y pienso que lo mejor es picar un cinco, no sea que me coma una oveja (o ella a mí), pero descubro entre el rebaño a Emma que había llegado allí sepa Dios cómo. La sonrisa se va por donde vino y me empiezo a estresar. ¿Cómo me voy a picar un cinco estando ella ahí?.

Así que nada, subo el escalón a pie para ver dónde me iba a escoñar

            Se observa el escalón de marras viendo al piloto preparado para entrar en zona

Llego hasta donde estaba la chica de ayer y le digo:

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Lamentable el estado en que llegaba y aún me quedaban diez zonas más y cerca de 15 kilómetros de ínterzona

La saco con un tres más que digno dado el resultado previsto, que no era sino un cinco con daños colaterales.

La zona doce estaba a cinco metros de la salida de la anterior y, esta vez sí, me graban .

Iba muy bien, a cero, pero los antebrazos decidieron hacer una huelga salvaje y cuando estaba a escasos diez metros del final, se me va el manillar y se me cala. Se escucha un ligero exabrupto producto del cansancio y del cabreo. En el video, al final, sale Jaume hablando con el juez de zona de la entrada (suele haber dos porque se marcan muy largas, como debe ser). Jaume se pasa el trial recorriendo la interzona verificando que todo va bien. Yo creo que iba a comprobar que la moto y yo seguíamos en este mundo :-).

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A partir de ahí, tras descansar en la zona del vino y tomar la preceptiva fruta (por cierto, la piña espectacular) sigo camino para terminar porque calculaba que me quedaban fuerzas para llegar y poco más.

Por el camino, me pegué un tortazo, el anunciado en el título y, cómo no, me dí en mi rodilla favorita, la que se lleva todos los golpes con el añadido de que el pantalón se rasgó dejándola al aire. Fue en la zona veinte, la última, que decidí hacerla entre otras cosas porque era paso obligado para poder seguir y, claro, ya no quedaban fuerzas ni brazos.

La verdad es que duele. Empecé a pensar que no podría salir al día siguiente. Bueno, al menos podía andar.

Al llegar me encontraba tal que así:


La sudadera (y nunca mejor dicho) es una edición especial del Vino Tinto Team como se ve en el bordado

Allí estaban Mick y Jill, el primero fresco como una rosa lo que me hundió aún más porque, ¡tiene setenta años!. Bromeamos un poco y nos hicimos una foto. Le volví a prometer a Mick que no le diría a nadie que había sido mi maestro en varios cursos.


Después de comer los tradicionales macarrones y pollo asado, deliciosos como siempre, fuimos a Carrefour a por un pantalón, agua oxigenada y tiritas para limpiar y cerrar el corte de la rodilla.

Después de descansar, a la cena homenaje y la verdad es que Jaume y cía. hacen las cosas realmente bien. con animador incluído. Siento no tener fotos ni vídeos porque no tenía fuerzas para grabar nada. Su entrada fue espectacular. Se supone que no sabía nada y ya nos habían avisado que cuando entrara le diéramos un fuerte aplauso y así fue. Se sorprendió y cuando vió a todos (cerca de cincuenta personas) puestos en pie brindándole un aplauso largo y, sobre todo, sincero, se emocionó.

El animador le llevó por todas las mesas mientras cantaba un My Way bastante decente.

La cena, muy buena, por cierto. Al acabar empezó la fiesta y era un espectáculo ver a Mick bailando y ya pasadas las 2:00 a.m., brindó un calvo (literal) imagino que a los que creen que la vida se acaba a los 65.

Al día siguiente, decidí salir a pesar de las molestias porque como Custer, mejor morir con las botas puestas. Pero la voluntad puede que mueva montañas pero no permite acabar un trial con la rodilla hinchada y dolorida. Al terminar la zona cinco me volví a corrales con la satisfacción de haberlo intentado y la decepción de no haber terminado.

El polideportivo presentaba este aspecto:


En primera fila la Ossa MAR primera serie, como no podía ser menos


Comimos la paella y las chuletas de rigor y, tras la entrega de trofeos, rumbo a Madrid.

En fin, un fin de semana espléndido, lleno de trial, sensaciones, amics tan amables, cariñosos y generosos como deberíamos saber aquí que son y una compañía impagable. Gracias, Emma.

Agradecimientos:

Primero a Jaume Casadesús, por ser tan buen tío y saber tanto de trial, regalándonos un trial espectacular y marcado espectacularmente bien, el mejor que conozco (queda claro ¿no?). Ah, y por dejarme la moto ;-)

A Emma (otra vez) por convencerme y soportar el tostón que debe ser para alguien ajeno a este mundo lleno de brutos (nobles, eso sí) con botas, casco y motos "viejas" como supongo que las debe ver ella.

A Xisco y Pepe, dos ibicencos con los que compartí gran parte del recorrido y con quienes cenamos el sábado. Simpáticos como pocos. Para Pepe era su primer trial clásico y lo terminó aunque como contaba, sufriendo como en su vida, lo que da más placer aún. Masoquismo isleño, supongo.

A Mick. Por ser como es. Sigo alucinando por cómo se hizo un cero en la zona de la mina, un subida larga y complicada, llena piedras traídoras al más puro estilo escocés y con 70 años. Es un extraterrestre. Lo facilidad con que hace todo llega a ser desesperante y todo un espectáculo a la vez. Aquí se le ve, en una foto cortesía de la organización, partido de risa al verme con el número uno, dorsal que debería estar reservado para él.



Epílogo: Sirva el título de la entrada como homenaje a Gabriel García Márquez que, aunque no me caía bien, era un excelente escritor.  Gracias a él. por ejemplo, "el dictador sí tiene quien le escriba". El juego de palabras no es mío, corresponde a Santiago Navajas y su magnífico artículo.

jueves, 24 de abril de 2014

No sé por qué escribo ésto

Mucho tiempo sin escribir nada, lo sé.

Lo cierto es que no he visto el momento en el que se dieran las tres condiciones que necesito para escribir algo: tener tiempo, algo que decir y, sobre todo, ganas.

De lo primero ha habido suficiente. De lo segundo,  poco, pero siempre hay alguna cosa que me gustaría decir lo que pasa es que tiendo a pensar que no le interesará a nadie. El verdadero problema viene con las ganas.

¿Qué puede conducir a alguien a plasmar sus pensamientos en un blog?. ¿Narcisismo, "placer" o, simplemente, necesidad de comunicarse.

En mi caso creo que no se dan ninguna de las tres circunstancias pero lo cierto es que me ha apetecido hacer una reflexión.

En todo caso, sigo sin saber por qué escribo ésto.

La idea es volver a contar cosas porque, por alguna ignota razón, parece que vuelvo a tener ganas. Lo siento por quien pierda su tiempo leyéndolas.

Hasta pronto.