lunes, 26 de abril de 2010

Filípides

La que lió el bueno del griego allá por el 490 a.C. Al menos pagó caro haber inventado una carrera que es un suplicio para los tontos que corremos sin tener a la policía detrás ni un autobús que alcanzar.

La Maratón de Madrid se celebró ayer. Para los cobardes, incapaces, sensatos (subráyese lo que proceda) se organizó una de diez kilómetros

El recorrido, muy bonito. Castellana arriba, Castellana abajo previo rodeo al Bernabéu y final en el Retiro. Un detalle que va a convertir a esta carrera en un "must" es que la segunda mitad es cuesta abajo (salvo los últimos metros que van de Colón a Serrano por Jorge Juan y de la Puerta de Alcalá a Menéndez Pelayo) y eso hace que todo sea mucho más fácil.

Un gustazo de carrera sobre todo por la compañía. Pepe, corres demasiado, deberías frenar un poco que es de mala educación dar la espalda. Esos 50 minutos están mejor que bien. Aunque con liebres del calibre como la que te buscaste, cualquiera. Como yo sólo podía seguir a las jóvenes promesas del Club de Atletismo del Inserso, preferí no humillarme y correr solo.

Unos pocos datos:

59' 09'' según el reloj de meta y 55'40'' descontada la pérdida de tiempo de la salida por la masificación. La próxima vez me pinto de negro y me pongo en primera fila.

Puesto: 1.705 de 2.330 (hombres) y 294 de 426 (categoría por edad)

Velocidad: 10,78 km/h, es decir, 5,33 minutos/km, lo que está peor de lo que creía que iba a hacer.


Conclusiones:

-Hay una enorme diferencia entre correr con máquina en el gimnasio a correr en la calle. No es bueno hacerlo porque tienes muchas sensaciones erróneas. Para dar un idea, he estado corriendo varios días a un ritmo de 3'55'' según la máquina y a la vista está que ni de coña, que diría el clásico.

-No soy capaz de variar el ritmo ( a más, claro). En esta carrera hacían registros parciales en el km.4 para comparar y sólo he sido capaz de pasar de 5,50 min/km (10,28km/h) hasta el km.4, a 5,13 min/km (11,14km/h) los seis siguientes, cuando estos últimos eran cuesta abajo. Si comparo con los otros del grupo, apenas aceleré.



La próxima: Liberty
Objetivo: Llegar y si es por debajo de 50', será por casualidad...o por gases.

En este vídeo, allá por el minuto 59'09'' se me ve llegar por el lado izquierdo de la pantalla. Muy indigno no llego, podría haber seguido unos centímetros más sin desmayarme.

http://www.corriendovoy.com/video.php?id=181&video=13045


domingo, 18 de abril de 2010

El Capitán Benjamín Bonneville

Érase una vez un francés de finales del siglo XVIII que emigró a EE.UU y se hizo militar. Aventurero como era, un Condado, varias escuelas y algún accidente geográfico adoptaron su nombre, entre éstos últimos un lago salado en el estado de Utah.

Las características de dicho lago eran idóneas para las pruebas de velocidad y allá por 1956, Johnny Allen batió el récord con un registro de 214,5 mph (>340 kmh) con una Tiger T110 de 650 cc. En 1959, añadiendo un carburador a la moto del récord y preparando algo el motor, nació la más famosa y, en mi opinión, más bonita  Triumph hasta hoy, la T120, más conocida por Bonneville (Bonnie para los amigos) como homenaje al lugar donde se logró la hazaña. Aquí acaba la participación del Capitán en este relato.

Esta moto ha sido incluida en quinto lugar en la lista de las diez mejores motos de la Historia por el prograna "Greatest Ever" de Discovery Channel. La clasificación quedó así (vaya por delante que no comparto algunas de las motos ni el orden de la lista): 

1.- Honda CUB
2.- Ducati 916
3.- Honda CB 750
4.- Y2K
5.-Triumph Bonneville T100
6.- Britten V1000
7.- Brough Superior SS 8
8.- Vespa
9.- Moto Guzzi V8 (1955)
10.- Harley Davidson Knucklehead

Un vídeo sobre la Bonnie y algunas apariciones en el cine con motivo de la edición 50 anivesario:



Tras la introducción, paso a escribir sobre una Bonnie en concreto.

Érase una vez que, estando zascandileando por internet en los albores de 2004,  tropecé con un anuncio que me dejó tan hipnotizado como cuando vi el de Motocrá anunciando un curso en Soto del Real con Mick Andrews en septiembre de 2002. Si por "culpa" del primero compré una 348 Trail para poder asistir al curso y comprobar que Mick Andrews no era sólo una moto, en esta segunda ocasión me supuso un viaje a Pamplona y volver con una Bonnie T140E y con unos pocos euros menos (bendita globalización: un moto fabricada en Inglaterra, con matrícula de Barcelona y residente en Pamplona, para acabar en Madrid).

La E del modelo hace referencia al cumplimiento de las, cada vez más exigentes, normas de emisión de gases gracias a los carburadores modificados Amal MKII concéntricos (Julián los reconoció nada más verlos) y una ignición Lucas (Lord of the Dark, como es conocida esa marca de lo mala que es).

Dicen que la T120 se llamaba así porque alcanzaba las 120 mph. No llegaba pero sí a 110 mph. Doy fe que la T140 ni se acerca a esa velocidad porque se desintegraría a los cien metros, tal es su capacidad de vibración. Como curiosidad, diré que cuando llevas montando seguido más de diez minutos por encima de los 100 kmh, te entra un cosquilleo allá por la zona del escroto (no es coña) que llega a ser sumamente molesto y obliga a reducir y hasta a parar. Lamento lo poco elegante del asunto pero es así. En cualquier caso, es mucho más placentero circular con ella a velocidades relajadas disfrutando del paseo con una posición comodísima (pero no mucho más que la de la Impala, curiosamente). Sólo falta escuchar "Born to be wild" para cerrar el círculo. En EE.UU., los que querían diferenciarse con elegancia de los Harlistas, se hacían con una Bonnie. Bien por ellos.

Ayer sábado tuve la suerte de que Julián la devolviera a la vida como muy bien cuenta aquí . Me asombra la facilidad con que le mete mano a una moto que no conoce. Supongo que cada uno tiene la habilidad que tiene. Yo, por ejemplo, hago unos espaguetis muy ricos :-)

El caso es que sólo volverla a oír después de casi cuatro años descansando bajo una funda en un garaje ha sido una delicia.

Unas fotillos de la moto, cortesía de la fastuosa cámara del HTC. La moto no es selenita, sólo lo parece.

Las alforjas se las puse en su momento porque son necesarias para hacer algún viaje que otro. Pero sí, Julián, reconozco que está mejor sin ellas.
Vista por el lado izquierdo
Esta foto me gusta porque se adivina la preciosa Norton Commando que descansa bajo su funda a la espera del día en que se dé una vuelta con su compatriota y al fondo el chasis de la Tambores Grandes.
Esta última es una mala foto pero también una alegoría de su Parkinson galopante.

A falta de vídeos propios, uno sobre la T140E. Sólo se diferencia en el color:




domingo, 14 de marzo de 2010

Las puntocom (6ª burbuja) Parte II

...continuación

Terminaba la primera parte diciendo:

La mayoría de start ups se quedaban en el camino pero llegaron a absorber enormes recursos que drenaban financiación para la economía "real".

Esta sequía propició que la realidad se impusiera finalmente y llegó el inevitable... pinchazo.


El día oficial fue el 10 de marzo de 2000, diez años ha.

Una forma gráfica de ver cómo quedó el panorama informático-tecnológico y que me hace gracia sería:


Es decir, tocado pero no hundido.

El pasado diez de marzo, El País publicaba ésto:

"Desde entonces, una caída en el vacío: cierre de empresas, quiebra de cotizaciones, billones de euros evaporados, inversores arruinados... Un año después del desastre el Nasdaq, el índice de empresas tecnológicas de Wall Street, aún cotizaba por debajo de los 2.000 puntos, arrastrado por las caídas de empresas más sólidas como Intel o Cisco Systems, que se vieron también afectadas por la crisis. Año y medio después del crack, el Nasdaq seguía en caída libre y había perdido el 78% de su valor. El mínimo lo marcó el 9 de octubre de 2002, cuando el índice se situó en 1.114 puntos (publicado en El País el 10 de marzo pasado).

Hoy, Google se perfila como la posible futura estrella del Dow Jones, pero los niveles de los ínidices no se han recuperado. El Dow Jones Internet Composite Index vale hoy un 79% menos que en aquel momento y el Nasdaq está por debajo de la mitad de los máximos registrados a principios de marzo de 2000"

Para saber qué ha sido de los personajes clave de entonces diez años después, pincha aquí

Entre las frases que quedaron me quedo con ésta: "no se sabe si internet es el futuro pero lo que es seguro es que el futuro pasa por internet"

Para comprender mejor este mundo que me queda grande, recomiendo este blog

Corolario

Como se ve, el ser humano es tonto pero no todo el tiempo y por ello la realidad se acaba imponiendo. Invariablemente, se buscan culpables. Como ahora, cuando lo cierto es que la culpa es de unos pocos pero la responsabilidad es de todos, especialmente de los políticos que lo distorsionan casi todo con sus intervenciones en los mercados. La solución a esta última burbuja la propiciaron Greespan y Bernanke (sí, el de ahora) haciendo caer artificialmente los tipos de interés para provocar una inflación en los activos, precisamente lo que ha motivado la que estamos sufriendo ahora.

Todas tienen varios denominadores comunes, como no podía ser de otro modo. Ya se sabe, el hombre es ese animal que tropieza infinitas veces en la misma piedra y encima parece que le gusta.

Con esto doy por terminada la serie de burbujas que, lamentablemente, no ha patrocinado Freixenet.

Saludos a los dos o tres lectores que me honran con sus asomos por aquí.

PD: un par de líneas para comentar que fue precisamente en las fechas en que esta burbuja estaba creciendo cuando conocí al culpable, entre otras cosas, de este cansino blog. Ese "caso Olé" fue premonitorio. Lo más gracioso es que la exposición que hicimos un compañero y servidor de dicho caso se basaba en que nosotros venderíamos el portal sin perder un minuto, pero no por ser muy listos, sino porque no comprendíamos nada. Al día siguiente, curiosamente otro diez de marzo pero de 1999, Expansión publicaba que Pep Vallés vendía el portal a Telefónica. Casualidades de las que se quedan en la memoria.

Fuente: "de los tulipanes a internet o cómo moverse en mercados inestables", editado por Self Trade-DAB.

Las puntocom (6ª burbuja) Parte I

En todas las burbujas hay palabras que se consideran claves, como tulipanes, Mares del Sur o ferrocarril. En este caso la palabra mágica fue "internet".

En la década de los noventa se vivió en EE.UU. lo que se llamó un círculo virtuoso, con un nivel de paro equivalente al pleno empleo, precios bajo control, tipos de interés razonables y, sobre todo, un crecimiento imparable.

El incremento de la productividad motivado por la tecnología fue espectacular. Yo siempre digo que, así como nuestros padres trabajaban más o menos igual que nuestros abuelos, nuestra generación ha dado un salto incomparablemente superior. Mi padre, por ejemplo, veía al ordenador como a un enemigo, aunque lo cierto es que no le dió tiempo a pelearse con él. Comentaba hace poco con un ex-compañero de trabajo que cuando empecé a trabajar, las carteras se veían una a una con interminables listados impresos en papel "pijama" con una impresora de agujas que hacía un ruido tal que se le ponía una campana como la del superagente 86, aunque en este caso funcionaba. En cambio ahora, con software como AS400 y con la ayuda de excel y Bloomberg o Reuters, puedes vincular carteras y ser capaz de llevar un número de carteras casi infinito (si es que puede existir tal concepto).

Para "desaburrir", un pequeño chiste de Forges que ilustra la productividad en las empresas ineficientes, especialmente en España:


Bromas aparte, este espectacular aumento de la productividad, se conoció como "nuevo paradigma".

Como es habitual, se empezó a creer en un crecimiento infinito y en el fin de los ciclos económicos. Por ejemplo, en una encuesta realizada entre inversores de Fondos de inversión, salía que éstos esperaban crecimientos del 34% durante los próximos diez años (es decir, el Dow Jones debería pasar del 10.000 al 151.000). Sí, parece mentira, pero es así como se crea una burbuja.

En 1997, con la crisis asiática, parecía que la razón volvía al mercado con una caída del Dow del 7% el 27 de octubre. Como en el martes negro de 1929, el martes 28 de octubre de 1997 había largas colas de inversores en las puertas de los bancos de Wall Street, con una salvedad, hacían cola ¡¡¡para comprar acciones!!!!.

Unos ejemplos más que significativos:

-En 1995, tres proveedores de internet salieron al ruedo del Nasdaq. El que mayor éxito tuvo fue Yahoo. Pues bien, con una facturación trimestral inferior al millón de dólares, el día de su estreno bursátil subió un 153% y capitalizaba 850 millones de dólares. Con un par.

-En 1996, el fabricante de televisores Zenith, que estaba en pérdidas, anunció que iba a fabricar teles con conexión a internet. El precio de las acciones se multiplicó por tres en pocas semanas. La prueba de que era mencionar internet y crear valor automáticamente, aunque fuera valor virtual.

-Amazon.com fue un caso curioso. Cuanto más vendía, más perdía. Me recordaba una anécdota que contaba Javier Vega en clase: "un amigo se ha comprado un diésel y está encantado, dice que cuanto más lo usa, más ahorra". Por cierto, muy buen profesor del Instituto de Empresa.

-El broker on line Charles Schwab llegó a valer más que todo Merrill Lynch, eBay más que Sotheby's y AOL más que Walt Disney Corp.

Aquí en España, el caso más paradigmático fue el de Terra que llegó a valer más que Repsol o Endesa. Sobre Terra tengo una anécdota personal. Allá por 1999 me quedé en el trabajo hasta las ocho de la noche para poder telefonear a un conocido del Bank of América, en Nueva York, y preguntarle cómo habían valorado Terra en un informe que publicaron unos días antes. Sus palabras me dejaron helado: el valor resulta de multiplicar por 10.000$ cada visita que tiene el portal. Es decir, que el valor bursátil era debido a que esperaban que cada persona que entraba en esa página, se iba a gastar una fortuna a través de Terra de modo que generara comisiones para el portal por valor de 10.000$ en un año.

Greenspan dijo en diciembre de 1996 aquéllo de la "exhuberancia irracional" (hubo una vez que el abuelo fue sensato aunque luego se arrepintió). El mercado respondió con una caída del 2,5% por el susto pero al día siguiente inició una senda alcista que duró tres años. Pues bien, el precio de la acción se multiplicó por 18. Un conocido gestor decía que era uno de los precios peor ajustados pero ¡aconsejaba comprar!.

Crear una empresa de internet era muy fácil (también hoy, por cierto) y sin inversiones enormes.. Los bancos eran reacios a prestar dineros a esos chicos tan insolentemente jóvenes e informales pero la financiación vino de la sociedades de capital riesgo, incubadoras de "start-ups".

La mayoría de start ups se quedaban en el camino pero llegaron a absorber enormes recursos que drenaban financiación para la economía "real".

Continuará... ya mismo


Fuente: "de los tulipanes a internet o cómo moverse en mercados inestables", editado por Self Trade-DAB.

domingo, 14 de febrero de 2010

El Japón de los ochenta (5ª burbuja)

INTRODUCCIÓN

La sociedad japonesa tiene una estructura y unos valores distintos a los occidentales. Para ellos, el racionalismo es antagónico a su "wa" o armonía social.

La jerarquía es allí muy importante, directamente derivada de una sociedad feudal. Por ello, la vinculación de un trabajador con su empresa va más allá de la mera nómina.

Otra diferencia es que para ellos, los mercados financieros no tienen como fin último el enriquecimiento personal sino el desarrollo industrial y del país en general. Son lo opuesto al cortoplacismo. Imagino a las madres diciéndoles a los bebés japoneses "especulación caca", como los progres aquí. Bendita especulación, el mundo se detendría sin ella. De hecho, es una parte importante del por qué de lo ocurrido allí.

DESARROLLO

Principios de los ochenta. El milagro japonés.

Japón apareció como actor protagonista de golpe, sin ser esperado. Su dominio de las nuevas tecnologías y de la banca le colocarón con un peso del 10% en la riqueza mundial. Por el otro lado, EE.UU. acumulaba déficits comerciales enormes mientras que los japos disfrutaban de un maravilloso superávit.

Los norteamericanos veían un nuevo Pearl Harbour en forma de fajos de billetes de dólar en manos de japoneses (lo de ahora con los musulmanes comprando las empresas occidentales y no acabamos de darnos cuenta).

Se dice que cuando la Mitsui Corp. compró el Exxon Building por un precio récord de 610 millones de dólares, había pagado un sobreprecio por el hecho de figurar en el libro Guiness (no sé qué grado de verosimilitud concederle a ésto, pero me viene bien para el relato).

Un objetivo claro era, entre otros, conseguir símbolos del capitalismo americano como el Rockefeller Center, la Columbia Pictures, ...

Además de lo anterior, se convirtieron en compulsivos compradores de bonos del Tesoro americano (hoy es China quien posee la mayor parte de la deuda de EE.UU., algo estable, que se dice).

Tras el abandono del cambio fijo en Bretton Woods en 1971, Japón hizo lo que fuera menester para mantener al yen artificialmente infravalorado y así poder vender más. En 1984 se les permitió a los bancos extranjeros operar cn bonos japoneses y luego se abrieron a los futuros financieros.

Pero, como en todas las burbujas, las cosas se fueron complicando y el vaso se fue llenando. Surgieron unos fondos muy particulares, los fondos tokkin.

Los tokkin eran depositarios de acciones que pagaban un interés mínimo garantizado y no ganancias de capital. Una cosa rara que aquí no se ha visto nunca. Esto era cuasi-legal, o cuasi-ilegal sensu contrario pero el Ministerio de Finanzas hacía la vista gorda. Y gorda era la que se estaba liando, en 1985 había 300.000 millones de dólares en estos fondos.

Otro producto novedoso fue el bono warrant, que combinaba un bono con un derivado (habían nacido las minas antipersonas del mundo financiero) que permitía comprar acciones. Como en la burbuja de la Compañía de los Mares del sur, todos tenían interés en que el mercado subiera. El dinero captado con estas emisiones se colocaba en fondos tokkin al 8% garantizado y ya estaba hecho el año. Nadie perdía.

Por todo ésto, la bolsa subió con fuerza pero había un activo que se estaba inflando más aún, el suelo.

Japón es pequeño, montañoso y por ello, con poca capacidad de construcción además de superpoblado. Además, para evitar que los precios inmobiliarios subieran, cada transacción especulativa a corto plazo estaba gravada con un impuesto del 150% .

Como es habitual, toda intervención en un mercado genera segundas derivadas que suelen ser más perversas que el mal que pretendían combatir inicialmente, cosa que no les entra en la cabeza a los socialistas de todos los partidos, que diría Hayek.

Se creó un mercado tan ilíquido y escaso que los inmuebles multiplicaron sus precios por ¡¡5.000!! entre 1956 y 1986 mientras que el IPC sólo se dobló en ese período.

De nuevo, la burbuja se alimentaba de la creencia, absurda por lo recurrente, de que el valor nunca caería y los bancos, que algo de ésto deberían saber, concedían préstamos con estas propiedades como garantía.

Las hipotecas llegaban, por lo astronómico de los precios, hasta los 100 años, es decir, para varias generaciones.

En 1990 el valor del mercado inmobiliario japonés era cuatro veces el de EE.UU.

El Palacio Real en Tokio estaba ubicado en un terreno cuyo valor equivalía al de todas las propiedades de California o de todo un país como Canadá.

El principio del fin ocurrió cuando en 1985 se acordó, por parte de las principales potencias, una actuación conjunta para bajar el precio del dólar y subir, sobre todo, el del yen. El acuerdo se conoció como el del Plaza porque se realizó en el Hotel Plaza de Nueva York.

Todo cambió ya que los productos japoneses pasaron a costar casi el doble en el extranjero aunque se hubiera duplicado el poder adquisitivo de los nipones fuera de su país (recuerdo la imagen de autobuses de japos parando en la calle Serrano para vaciar las estanterías de Loewe, como comenté en una burbuja anterior).

Para alentar la economía, el gobierno bajó los tipos al 3% y el Nikkey subió hasta los 18.000 puntos. El octubre de 1986 se anunció la salida a Bolsa de la telefónica pública NTT y a los dos meses diez millones de japoneses habían acudido a la OPV aún sin conocer el precio de colocación. Pocas semanas después de la salida, la capitalización bursátil de NTT era mayor que el valor de las bolsas de Alemania y Hong Kong juntas.

Otro rasgo común a toda burbuja es la manipulación de los títulos y la corrupción política. La figura del "yakuza" se hizo popular e iban de la mano de los políticos. ¿Cómo intervenían en los precios?, pues cruzando operaciones entre los cuatro grandes bancos del país y así decidir qué acciones comprar y a qué cliente preferencial asignárselas.

Es célebre el terror a la Bolsa que tenía Al Capone porque consideraba que era una forma de crimen organizado.

Se veía normal por parte de los inversores, "sabiamente" aconsejados por sus asesores, invertir en empresas que cotizaban con un PER de más de 400, como la Japan Air Lines (por cierto, declarada en quiebra hace unos pocos días). Recordar que una de las definiciones de PER es el número de años en recuperar el precio pagado por la acción con los beneficios generados por la empresa.

La locura, el efecto riqueza que creaban las inversiones en Bolsa lanzó a la gente a consumir como locos. Un broker inglés dijo que los japoneses no serían conscientes de los sobrevalorado de su mercado mientras siguieran pagando 300 dólaros por un whisky con agua en los clubes nocturnos del exclusivo barrio de Ginza.

El golf se convirtió en un signo de estatus y era donde los shinjinrui, o nuevos ricos, exhibían su ego y lo encantados que estaban de haberse conocido. Por ejemplo, una inscripción en el elitista Koganey Country Club costaba 2,7 millones de dólares y había más de veinte clubes con un coste superior al millón de dólares.

DESENLACE

A finales de 1989 el Nikkey estaba en los 40.000 puntos, el PER medio por encima de 80 y la rentabilidad media por dividendo en el 0,38%. El gigante Nomura pronosticaba un nivel de 80.000 en 1995 (si ésto no es de cárcel, no sé qué lo puede ser y ha pasado en todas las burbujas). El viernes pasado, 12 de febrero de 2010, cerró en el nivel de 10.092,19 (como diría el chapulín colorado, "¿cómo te quedó el ojo?").

Para variar, se pretendió dehinchar la burbuja sin que explote a base de subir los tipos hasta el 6% y los bonos ofrecían una rentabilidad del 7% a corto plazo (recuerde el lector la rentabilidad por dividendo mencionada antes). La Bolsa se quedó sin soportes.

En agosto de 1992 el Nikkey estaba en los 14.200, los activos garantizados por las acciones perdieron cobertura, los bancos tenían que hacer frente a millones de impagos de préstamos garantizados con valores e inmuebles.

La vivienda en Tokyo cayó un 60% (poco me parece).

La banca se colapsó, quebraban unos cuantos todas las semanas. Se bajaron tipos hasta el 0,25% en 1998.´

A día de hoy, aún no se han recuperado. Y aquí dicen que será cosa de una año o dos a lo sumo. Ya.

En este caso, no se me ocurre ninguna consecuencia positiva salvo, por decir alguna, el valor del ejemplo aunque, pensándolo bien, no sé de qué sirve si repetimos los mismo errores una y otra vez. De hecho, la siguiente burbuja, la de las célebres ".com" se solapó con esta última.

Fuente: "de los tulipanes a internet o cómo moverse en mercados inestables", editado por Self Trade-DAB.

martes, 9 de febrero de 2010

El crack de 1929 (4ª burbuja)

Toca hacer un viaje transatlántico y ubicarnos en EE.UU.

Nueva York, la ciudad que descubrió Giovanni da Verrazzano (Pepe, desde el puente homónimo sale la maratón todos los años) en 1524.

En 1614 se instalaron los europeos y en 1626, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, compró la isla de Manhatan (dicen que por 24 dólares aunque hay serias dudas al respecto) y la llamó Nueva Amsterdam. El director de la compañía, Stuyvesant, hizo construir un muro al sur de la isla para protegerse de los indios y de los osos al tiempo que impedía escaparse a los toros y otros animales. Realmente profético, puesto que ese muro es hoy Wall Street y lo que se intenta es que los osos no entren en el mercado (bearish= bajista) y los toros no salgan (bullish= alcista).

Para redondear la introducción, sólo decir que en 1664, los ingleses conquistaron la ciudad y la rebautizaron con el nombre de Nueva York en honor al Duque de York, que no al jamón, como se me dijo cuando era pequeño.

Bueno, al grano.

Estados Unidos era, dada su juventud, una tierra donde la cuna importaba poco o nada y cada cual dependía de sí mismo, donde las oportunidades eran iguales para todos y como es natural, al no haber trabas artificiales la economía prosperó como la de ningún otro país. Escribo en pasado porque mucho me temo que ya no es así, aunque no hayan llegado al anquilosamiento europeo. Pero, "yes, they can". Una pena.

A finales de los alegres años veinte la gente creía firmemente que se había iniciado una era de prosperidad ilimitada. La historia se repite, una vez más.

La Reserva Federal se creó en 1913 con el objetivo de acabar con los temidos ciclos económicos mediante la inyección de liquidez a los bancos (suena familiar). Pero sin darle a la máquina de los billetes, claro.

Eran tiempos de libre comercio, baja inflación y una gestión más profesional de las empresas. Una jovencísima Harvard paría licenciados que conseguían enormes mejoras de productividad consiguiendo los niveles más bajos de inventarios jamás conocidos y así se evitaban los ciclos por la acumulación excesiva de stocks.

Estros incrementos de productividad fueron de más del 50% entre 1919 y 1927 y se atribuían, también, al I+D (y aquí nos hemos dado cuenta ahora, así nos va). Por ejemplo, la ATT empleaba a más de 4.000 científicos y había más de 10.000 solicitudes de patentes presentadas a finales de 1928.

El presidente Hoover anunció en 1928, en su discurso de candidatos, que el fin de la pobreza estaba cerca.

El consumo se financiaba con crédito. El 18% de la capitalición bursátil correspondía a acciones compradas con préstamos de corredores y bancos de inversión.

Los brokers, como gremlins en un jacuzzi, se multiplicaron y 600 nuevas casas se crearon entre 1928 y 1929.

La Fed subió los tipos del 3,5% al 6%, en agosto de 1929, para enfriar algo la economía.

Las calles estaban repletas de asesores financieros a la caza de "prospects" (clientes potenciales) para que operaran a través de sus casas, ya que la Bolsa se había convertido en algo tan popular como lo fue en España en los noventa con las opas de las grandes empresas públicas (Telefónica, Endesa, Repsol, Argentaria-BEX).

Pero el mercado estaba manejado por los pools o fondos comunes de las grandes fortunas. El pool de Detroit agrupaba a los magnates de la industria automovilística, el pool de los irlandeses contaba con figuras ilustres como Joseph P. Kennedy, padre de sus hijos.

Se creó un innovador vehículo financiero, el fondo de inversión (en España se hizo popular hace bastante poco tiempo, también). Goldman Sachs fue pionero.

Groucho Marx pidió prestados 250.000$ para invertir en 1929, presumiendo de que no hacía ninguna falta un asesor financiero.

Paul M. Warburg, miembro de la prestigiosa familia de banqueros y uno de los fundadores de la Reserva Federal, dijo en marzo de 1929: "la historia, que tiene la dolorosa costumbre de repetirse, ha enseñado a la humanidad que el exceso de especulación termina invariablemente en exceso de contracción y penuria. Si la orgía especulativa sigue adelante, el colapso final no sólo afectará a los especuladores sino que provocará una depresión general que afectará a todo el país". Claro está, no se le hizo ni caso.

Pero como siempre en las burbujas, llega un momento en que el miedo a perder supera a la codicia y el día de autos fue el 3 de septiembre de 1929, cuando el Dow Jones llegó a máximos, casi 400 puntos. El mercado se había vuelto muy sensible a las malas noticias. El Banco de Inglaterra subió los tipos de interés lo que provocó que muchos inversores ingleses repatriaran fondos vendiendo acciones norteamericanas.

Empezaron a correr rumores de que muchos pools iban a deshacer sus posiciones. El Dow estaba en los 260 puntos en octubre.

El 29 de octubre, el famoso martes negro, las acciones de RCA pasaron de 40,25 a 26 dólares, Goldman de 60 a 35, JP Morgan de 26 a 19,30, los bancos como el First National de 5.200 a 1.600.

El pánico se agravó cuando el cable transatlántico se rompió con lo que el sistema telegráfico no podía gestionar el inmenso volumen de órdenes de ventas. Esa noche, en las recepciones de los hoteles se le preguntaba al cliente si iba a dormir o a saltar.

Pero lo mejor viene ahora, por el paralelismo con la situación actual. 

La FED bajó los tipos de interés y los bancos "sanos" o menos dañados acudieron en ayuda de los bancos que habían quedado pillados en la Bolsa. El Dow volvió a los 300 puntos y el presidente Hoover anunció que los efectos del crack habían terminado (vamos, clavadito).

Nada más lejos de la realidad. El mercado siguió cayendo incansablemente hasta octubre de 1932, con el Dow en su mínimo de 41,88 puntos. Espeluznante.

Las faldas de las mujeres se alargaron, siguiendo la teoría demostrada por el profesor Nystrom de la Columbia Business School, que decía que las faldas se acortaban con la bonanza y se alargaban con la depresión. Por mi experiencia, o esa teoría no es del todo cierta o es que se llevan las piernas largas porque yo veo algunas con faldas que bien podían ser cinturones y la única bonanza que tenemos hoy la dan por la TDT.

Los repletos manicomios de Nueva York contaban entre sus pacientes con numerosos altos ejecutivos de pools.

William Durant, el fundador de la General Motors, fue muy afortunado y pudo encontrar un empleo temporal de lavaplatos en un restaurante de Nueva Jersey.

La próxima, la burbuja japonesa, la que más me gusta por lo desmadrado y absurdo del proceso.


Fuente: "de los tulipanes a internet o cómo moverse en mercados inestables", editado por Self Trade-DAB.

viernes, 5 de febrero de 2010

Los ferrocarriles (3ª burbuja)

"El motor de la historia económica en la sociedad capitalista es la innovación" (Schumpeter)

Como en la anterior burbuja, nos ubicamos en Gran Bretaña. A finales del XVIII se contruyeron dos mil kilómetros de canales que, como casi todo en una sociedad anglosajona, estaba en manos privadas. Las compañías de canales florecieron y prosperaron pero, tras la saturación de los mismos, se hundió el mercado.

El ferrocarril apareció en la década de 1820 y se recibió con escepticismo y agitación. Se decía que las locomotoras impedirían pastar a las vacas y a las gallinas poner huevos, que su humo mataría las aves y que la lana de las ovejas se tornaría negra y que su velocidad, de 20 km/h, ¡destrozaría a los pasajeros!. Los propietarios de los canales temían por sus negocios y los terratenientes por el fin de la caza del zorro.

Cómo me recuerdan todos estos temores a los que se oyen hoy respecto de los móviles y de casi cualquier avance tecnológico. Es evidente que el inmovilismo aparece y curiosamente desde los sectores menos conservadores (a priori).

En 1840 pocas compañias de ferrocarriles cotizaban en la Bolsa de Londres y las que lo hacían, era por debajo del precio de emisión. Sólo 3.000 km. de vía se extendían por la campiña inglesa.

De repente, se empezaron a escuchar las palabras vapor y velocidad y la gente se dió cuenta de que el ferrocarril iba a cambiar sus vidas. Se decía entonces: "nada, salvo la religión, es tan importante como una comunicación rápida". La burbuja estaba a punto de gestarse.

A la voz de tonto el último, el capitalismo empezó a funcionar. Empezaron a surgir multitud de compañías que financiaban sus inmensas inversiones con acciones.

El proceso era sencillo: bastaba con que algunos dignatarios locales formasen un comité, registraran la compañía, captaran dinero del público y contrataran a un ingeniero para que examinase la ruta con la aprobación del Parlamento.

A finales de 1844 la situación económica era especialmente benigna, con los tipos de interés en mínimos de los últimos 100 años, excelentes cosechas y materiales de construcción baratos.

De enero a abril de 1845 se pasó de 16 a 50 proyectos. El problema era que los directores de las compañías se quedaban con la mayor parte de las acciones emitidas para venderlas después con enormes ganancias, lo que favorecía los sobornos y las manipulaciones.

La prensa tuvo su parte de culpa. Se fundaron publicaciones con el único fin de obtener beneficios por publicidad ya que la cantidad de anuncios de estas compañías era ingente. A modo de ejemplo, en el Railway Times se publicaban más de 80 páginas con anuncios sobre nuevas emisiones de acciones.

En junio de 1845 existían planes para más de 12.000 km. de vías férreas, casi veinte veces la longitud de Inglaterra.

La inversión en ferrocarriles rondaba los 600 millones de libras, cuando los ingresos totales del país se situaban en 550 millones.

Para variar, algunos se dieron cuenta de lo irracional de la situación. En el Economist (hoy sigue siendo bueno con las predicciones) se podía leer: "Pensar o soñar que la manía actual subsistirá sin que acabe en la crisis más grave experimentada en este país, sería cerrar los ojos a la experiencia pasada".

En septiembre, 450 nuevos proyectos se registraban. abarcando todo el mundo, desde la Guayana británica hasta Bengala.

Pero en octubre empezaron a caer las acciones. Como es habitual en estos casos, muchos inversores que no se querían perder el chollo invirtieron a crédito y tuvieron que vender como fuera (igual que en la anterior burbuja). Paradójicamente, las noticias circulaban rápidamente en ferrocarril, paralizando las bolsas provinciales.

El inmenso esfuerzo inversor requerido por este sector produjo un estremecedor trade-off, secando la financiación del resto de la economía (igual que ahora con el sector público respecto al privado con las elefantiásicas emisiones de deuda de los gobiernos).

Por esta falta de liquidez, los tipos subieron hasta el 10% (estaban en el 2,5% antes de la "trenmanía").

Ante la escasez de lingotes de oro, el Banco de Inglaterra anunció que no daría anticipos sobre títulos públicos. El Royal Bank de Liverpool fue el primero en caer y tras él, muchos más. Los inversores se refugiaban en el oro, cada vez más escaso.

El gobierno actuó con firmeza y fiscalizó numerosas operaciones financieras, sacando a la luz las innumerables estafas y manipulaciones sufridas por las compañías ferroviarias. El trullo estaba petado de directores, que se diría ahora.

En enero de 1850 las acciones habían caído una media del 85%. El valor de mercado de las acciones era la mitad del capital que representaban. En cuanto el automóvil asomó la cabeza, quebraron la mayoría de compañías.

Como con los tulipanes, hay una consecuencia positiva de todo ésto: una red operativa de más de 8.000 km., más de siete veces superior a la de Francia o Alemania. Esto reportó grandes beneficios a la economía inglesa, se creó mucho empleo en las capas más humildes de la sociedad y se implantó la infraestructura precisa para una economía industrial moderna. Eso sí, dejando cadáveres de clase media por el camino. Esa es la grandeza y la miseria de la libertad. Cada palo aguanta su vela.

La próxima, la burbuja por excelencia, la crisis del 29.


Fuente: "de los tulipanes a internet o cómo moverse en mercados inestables", editado por Self Trade-DAB.